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sábado, marzo 2, 2024

Los bebés prematuros asesinados en la RDA y sus derechos humanos

El juramento hipocrático que los médicos se ven obligados a realizar determina que su función primera es salvaguardar la vida de sus pacientes, de las personas a quienes atienden, de nosotros. Sin embargo la realidad nos demuestra que no siempre es así, y que no todos cumplen dicho juramento.

Reordenando papeles en la mesa de trabajo, en ocasiones me encuentro pequeños recortes de prensa, ya ajados, que forman parte de ese archivo sobre historias que lleva acompañándome desde hace más de 30 años. Muchos de ellos, con el paso de los años, se vuelven obsoletos, algunos cambian de carpeta y otros sencillamente no pasan el corte y se pierden en la papelera. Sin embargo en esta ocasión he querido rescatar la pequeña nota que da origen al titular, porque creo sinceramente que merece la pena recordar de vez en cuando que todo lo que parece lejano, en mi modesta opinión está ocurriendo permanentemente. La historia nos enseña que estamos condenados a repetir errores y aciertos de la misma manera que nos dirige hacia un permanente holocausto del que nos empeñamos en no querer salir.

La caída del muro de Berlín

Con la caída del muro de Berlín, tuvimos acceso a las atrocidades cometidas en zonas vinculadas al régimen soviético, y en especial al tratamiento que se les siguió dando a los deficientes, a “los locos”, a los diferentes, según el establishment que la soberbia ideología comunista apuntalo. No nos alejaremos en el tiempo hasta las purgas estalinistas o leninistas, que apenas hacen 100 años que pasaron y que todavía pesan en el recuerdo de los pueblos que vivieron a aquellos dictadores, pero si podemos acercarnos hasta un hecho algo más cercano publicado por el diario alemán Der Spiegel, donde nos narra en los años 80 como en Algunas clínicas de la antigua República Democrática Alemana ahogaban a bebés prematuros, por orden de los médicos.  

Cuando hace poco salíamos a los balcones a aplaudir a médicos y enfermeras que, al parecer se jugaban la vida por nosotros, nos olvidamos tal vez, de los miles de ancianos olvidados, sin tratamiento que fallecieron en geriátricos, sin protocolos y sin posibilidad de ser salvados. Ancianos olvidados sobre los que algún día tendremos que volver a hablar. O de los miles de pacientes que no fueron entregados a las familias, sin autopsias que definieran cual fue la causa de su fallecimiento, o de las mentiras de un gobierno que nos contó la milonga de un comité de expertos que nunca existió. No he visto a la clase médica entonar algún tipo de mea culpa por algunos errores cometidos. Como tampoco he visto entonar el mea culpa a los médicos que una vez reunificada Alemania siguieron ejerciendo su cometido sin que nadie les hiciera rendir cuentas.

Al este de Alemania, existe un municipio llamado Erfurt. En él, se encuentran diversas clínicas ginecológicas, y entre ellas una, la mayor de todas, dirigida en aquellos años 80 por Fritz Wagner, jefe de dicha clínica, quien en aquellos momentos se vio obligado a dar la cara para confirmar las declaraciones de una comadrona, quien afirmaba que desde los años 60 en aquella Alemania del otro lado del muro (RDA) niños prematuros, que presuntamente aún no habían desarrollado la función respiratoria eran ahogados con el aterrador “método del cubo”. Vamos que eran ahogados por inmersión en un barreño, para entendernos.

Sin embargo, y frente a las preguntas de algunos periodistas, Wagner reconoció que aquellas prácticas se llevaban a cabo aun cuando los recién nacidos presentaban pulsaciones umbilicales.

Según las declaraciones de una comadrona, al parecer todo comenzó, al menos donde ella estaba, en la década de los años 60. Ella presenció en repetidas ocasiones como se mataban bebés con un peso inferior a los 1.000 gramos. La misma comadrona relata en su testimonio que en 1982, cuando tras varios años de ausencia regresó a la citada clínica todavía se seguía llevando a cabo la mencionada práctica. El propio Wagner afirmó que tras las quejas de la enfermera, él personalmente prohibió el “uso del cubo”. No puede alegar desconocimiento en una práctica que venía realizándose como mínimo más de veinte años.

La solución final

Para entender la mentalidad de algunos médicos de la época, al margen de la depuración de la raza, algo que compartían nazis y comunistas, en la RDA, habría, quizá que retroceder veinte años, hasta la primavera o el verano de 1939, cuando en una estrategia secreta dirigida por Philipp Bouhler, el director de la cancillería privada de Hitler, y Karl Brandt, su médico de cabecera, se decide comenzar los asesinatos de niños discapacitados.

Dicho proyecto se pone en marcha de una manera más concreta el 18 de agosto de 1939, cuando el Ministerio del Interior del Reich, genera un decreto que envía a médicos y enfermeras con el fin de que reporten (delaten) los datos de aquellos recién nacidos o menores de 3 años que tengan algún tipo de “deficiencia mental”. Una vez conocidos estos datos, dicho Ministerio exhortaba a los padres a que ingresaran a sus hijos en una serie de clínicas especializadas que se habían creado, donde, pretendidamente, estarían bien cuidados. En aquellos hospitales pediátricos, personal especializado, enfermeras y médicos, llevaban a cabo todo tipo de pruebas para luego acabar asesinado a los niños mediante la administración de dosis de medicamentos elevadas, o sencillamente los sedaban y los dejaban morir de inanición, de hambre.

En un principio aquellos asesinatos selectivos solo incluyeron a niños pequeños comprendidos entre 1 y 3 años, pero pronto, y frente al éxito de dicha práctica, el Ministerio correspondiente comentó la posibilidad de subir la edad hasta los 7 años. Médicos y personal cualificado a su servicio, enseguida pusieron en marcha nuevos protocolos para “atender” a estos nuevos pacientes. Se cree que en aquellas primeras incursiones de la depuración de la raza, se asesinaran a cerca de 10.000 niños considerados “deficientes”.

Esta estrategia funcionó de tal manera que apuntalo el programa de eutanasia de Hitler denominado Operación T4. Por supuesto nada de todo esto se hubiera podido realizar sin ayuda de los médicos y su personal especializado.

Por supuesto, muchos de aquellos médicos, una vez terminada la II Guerra Mundial, no fueron expurgados, y cuando se crea la República Democrática Alemana siguen ejerciendo bajo las órdenes de las autoridades comunistas.

El “método del cubo” fue atroz, pero no menos que otros aplicados a lo largo de los años en diversos países del mundo. Aunque quizá lo que nos aterre es el hecho de que quienes lo llevaron a la práctica, jamás fueron castigados por ello.  

Bibliografía:

Der Spiegel.
https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/euthanasia-program

Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López: Jumilla, Murcia, 1962. Escritor, guionista y realizador. Ha trabajado como periodista de investigación desde 1985 en prensa, radio y televisión. Ha publicado dos libros sobre la banda terrorista ETA. Colabora con medios de prensa libre y es conferenciante sobre temas diversos.

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