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sábado, marzo 2, 2024

Israelíes y Palestinos: un conflicto religioso de difícil solución

Sobre las 6,30 de la madrugada del día 7 de octubre de 2023, y cuando los judíos israelíes celebraban la fiesta del Sucot, también denominada fiesta de las Cabañas o de los Tabernáculos, grupos armados de islamistas palestinos, no todos ellos pertenecientes a Hamas, como así lo demuestran las imágenes vistas en medio mundo, entraron por la Franja de Gaza asesinando a cientos de hombres, mujeres y niños. ¿Tiene el pueblo judío derecho a la venganza?

Los terroristas de Hamas, de los que tanto se habla en los medios de comunicación, estuvieron en todo momento jaleados y ayudados por palestinos, quienes incluso ayudaron a retener a cuantos rehenes no eran asesinados de manera indiscriminada, como ratas, en las calles, en sus casas, en las camas, junto a los coches, etc. Se secuestraron a hombres, mujeres y niños. Triste es ver como sacan de un empujón a un niño pequeño de su casa, triste es ver como secuestran a una anciana de 87 años, triste es saber que a un niño de tres años le pegaron un tiro. Triste es tener que sacar en bolsas para cadáveres a más de 100 civiles de sus casas del Kibutz de Beeri. Triste es ver las imágenes de la fiesta de Supernova, por la Paz que se celebraba cerca del Kibutz de Re’im, donde palestinos armados dejaron un reguero de 260 cadáveres de jóvenes de medio mundo. Matándolos en cualquier sitio donde los encontraban, sin respetar para nada a los civiles. ¿Tiene el pueblo judío derecho a la venganza?

La ley del Antiguo Testamento

Escuchar a investigadores expertos, politólogos, analistas militares, periodistas habituales de la zona, o sesudos comentaristas en informativos, hablando sobre este tema, sin tener en cuenta lo esencial, no sirve de mucho para entender lo que está pasando.

Se nos olvida que tanto judíos como palestinos comparten un antagonismo radical desde hace 2.000 mil años. Y por lo tanto para entender el conflicto deberíamos tener claras algunas cuestiones. Ambos grupos son muy religiosos, teniendo además el libro del Antiguo Testamento en común.

¿Por qué después de la II Guerra Mundial se ubica a los judíos, como pueblo en Israel? Porque por derecho histórico, como así lo determina el Antiguo Testamento, aquella era su afamada Tierra Prometida. Quizá estaría bien que los analistas y demás expertos sobre este tema, se acerquen hasta los cuatro primeros libros del Antiguo Testamento, porque son la base de este conflicto. En ellos el ojo por ojo y el diente por diente está grabado a fuego para ambos pueblos: judío y palestinos.

El problema subyace cuando las creencias religiosas se convierten en fanatismo. Irán, Pakistán, Afganistán, y otros lugares del mundo, sin olvidar muchos núcleos del África Central o sub sahariana, son países controlados por ese fanatismo que impera en Hamas, quien controla la Franja de Gaza, a pesar de Al-Fatah; la organización laica fundada por Yasser Arafat y otros, en 1958, que ubicada en la misma franja de Gaza, ha intentado, de manera permanente, tender puentes para un buen entendimiento entre judíos y palestinos sin lograrlo.

Occidente ha sufrido a lo largo de los años el ataque de terroristas musulmanes, y desde el 11S con la caída de las Torres Gemelas en EE.UU. el mundo se percató de que existe otra forma de terror: el que no avisa, el que asesina civiles de manera indiscriminada, el de que decapita soldados en plena refriega y muestra sus cabezas como trofeos, el que mete a los detenidos civiles en jaulas los rocía de gasolina y les pega fuego, el que secuestra niñas pequeñas, estudiantes, las viola y las utiliza como escudos humanos para que nadie pueda ir a por ellos. Los que entran disparando en una discoteca y asesinan a gente tranquila que se divierte, los que no dejan a las mujeres que desarrollen todo su potencial, los que las enjaulan en ropajes oscuros y estrafalarios, y sobre todo al que no le interesan los derechos humanos de los 260 jóvenes asesinados mientras se divertían escuchando música, o los que los hombres mujeres y niños que cenaban en sus casa celebrando una fiesta religiosa, tenían. Unos derechos que les fueron arrebatados de forma miserable por unos asesinos y terroristas musulmanes que no acaban de entender otra forma de vida que nos sea la suya.

¿Por qué se eligió la semana de la celebración de una fiesta religiosa? Sencillamente para humillar y generar mucho más dolor.

Y ahora todo el mundo parece escandalizado porque la Franja de Gaza está siendo bombardeada, pero nadie cambia la pregunta: ¿Por qué el pueblo palestino que, al parecer no está de acuerdo con Hamás, no ayuda a Israel a recuperar a los rehenes, señala los lugares donde esta organización los mantiene y acaba con la tragedia?

Está claro que los civiles no deberían formar parte de esta cruenta lucha, ni los de un bando ni los del otro. Ninguno. Pero lo más curioso es que mientras nos horrorizamos con las imágenes grabadas por las mismas personas que reciben un tiro en la nuca mientras bailaban o de los propios terroristas jactándose de sus hazañas como asesinos, nos permitimos el lujo de sentir remordimientos por lo que sufre el pueblo Palestino, sin tener ni un solo remordimiento histórico por el pueblo judío que expulsado de Egipto, luego de su Tierra Prometida, luego de países cristianizados como España (no entiendo el cariño que tienen los sefardíes por ese país, del que conservan hasta la lengua) y por último quemados, gaseados, desmembrados, utilizados por médicos psicópatas nazis y tratados como basura en los campos de exterminio de Alemania, sigue buscando su sitio.

Estoy a favor de la solución del conflicto árabe israelí, pero desafortunadamente la humanidad debe tener claro que no se solucionará jamás, sólo debemos adaptarnos a periodos más o menos breves de una paz momentánea, entre dos grupos religiosos que tienen demasiados conflictos históricos, tan antiguos como ellos mismos, y que no les harán vivir en paz nunca como pueblos. Sin olvidar los altos intereses económicos que subyacen detrás del mantenimiento de dicho conflicto, y los beneficios que le genera a multitud de países árabes que ven como a rio revuelto ganancia de pescadores. Aunque esa es ya otra historia.

Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López: Jumilla, Murcia, 1962. Escritor, guionista y realizador. Ha trabajado como periodista de investigación desde 1985 en prensa, radio y televisión. Ha publicado dos libros sobre la banda terrorista ETA. Colabora con medios de prensa libre y es conferenciante sobre temas diversos.

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