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miércoles, febrero 28, 2024

El gran negocio de las enfermedades mentales

La psicóloga Lisa Cosgrove, profesora de la Universidad de Massachusetts explicaba que más del 5% de los jóvenes escolares toman droga psicotrópica a diario. Y aunque esto lo afirmó en función de un estudio realizado para hablar del consumo de drogas médicas en los Estados Unidos, es extrapolable a cualquier país, donde la psiquiatría y la industria farmacéutica no han parado de generar enfermedades mentales de manera permanente.

En 1980 en Estados Unidos se recetaron 30 millones de cajas de antidepresivos, en 2012 dicha cifra había alcanzado los 264 millones de recetas. ¿A qué se debió este repunte? ¿Qué ha ocurrido desde 2012 hasta hoy? Quizá la respuesta es tan simple como peligrosa: la enfermedad mental se ha convertido en un negocio que genera miles de millones de dólares en beneficios.

En 2014 se publicó un libro ya citado por mí en anteriores reportajes, pero que ahora adquiere especial relevancia porque se están preparando en la actualidad en diversas editoriales denuncias parecidas; se trata de ¿Somos todos enfermos mentales?, del insigne catedrático emérito del departamento de Psiquiatría y ciencias del Comportamiento de la Universidad de Durham,  en Carolina del Norte. Pero porque es relevante este libro en especial, sencillamente porque su autor Allen Frances, fue el presidente del grupo de trabajo del DSM IV y formo parte del equipo directivo del DSM III.

Él mismo confeso años más tarde de haber participado en dichos proyectos que tras la publicación en mayo del 2013 del DSM-V no hay casi conducta humana que no pueda llegar a ser calificada en un momento dado de “trastorno mental” y, por lo tanto susceptible de “solucionarse” mediante fármacos cuya ingesta conlleva numerosos efectos secundarios. 

Bajo la denominación DSM se esconde el mal llamado Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Dicho manual ya ha sido desprestigiado hasta la saciedad por médicos y psiquiatras de medio mundo, entre ellos el antes mencionado Allen Frances, quien participó activamente en varios de los manuales, sin embargo muy pronto y al estilo de El Imperio del Dolor del periodista americano Patrick Radeen Keefe, otro periodista, Robert Whitaker acompañado de la psicóloga Lisa Cosgrove, verán su libro Psychiatry under the influence, traducido al castellano y muy posiblemente a otras lenguas en medio mundo, a pesar de los diferentes intentos de silenciar su publicación. En él cuentan la historia de cómo un contubernio presuntamente corrupto catálogo las enfermedades mentales y desencadenó un uso masivo de psicofármacos en todo el mundo. Quien escribe lo anterior es Daniel Arjona, periodista del diario El Mundo quien el viernes 1 de septiembre de este 2023 publicó entre otras cosas, dos cuestiones importantes.

La primera, las interesantes palabras que la doctora Cosgrove le transmitió por correo electrónico donde ponía el punto sobre un tema indiscutible: (…) Durante los últimos 35 años, la psiquiatría ha transformado la cultura estadounidense. Ha cambiado nuestra visión de la infancia y de lo que se espera de los niños “normales”, hasta el punto de que más del 5% de los jóvenes en edad escolar toman ahora una droga psicotrópica a diario. Ha cambiado nuestro comportamiento como adultos y, en particular la forma en que buscamos afrontar la angustia emocional y las dificultades en nuestras vidas”. Y es por ello que millones de personas en todo el mundo se han lanzado en manos de las drogas psicotrópicas con aval psiquiátrico. Una verdadera imprudencia, un sinsentido.

La segunda pregunta que intentan contestar Whitaker y Cosgrove, en su libro, tal y como queda reflejado en el artículo de Arjona es la siguiente: (…) ¿Cuál es la tesis de esta enmienda a la totalidad? Desde la publicación en 1980 de la tercera y decisiva versión del DSM (hoy lleva cinco, todas ellas discutidas), la psiquiatría habría sucumbido a la corrupción institucional desde dos frentes: el de las grandes farmacéuticas y el de las “influencias gremiales” representadas por una Asociación Estadounidense Psiquiátrica voraz en la defensa y expansión de su negocio. Dicho lo anterior les animo a leer algunos de los artículos publicados bajo mi firma sobre los antidepresivos y el negocio de las comisiones ilegales en China, por ejemplo, donde se podrán hacer una idea de la magnitud de la tragedia a la que está siendo sometida la humanidaEs la culpa del DSM? Categóricamente no. La culpa es de un sistema que permite a las grandes empresas farmacéuticas anunciar sin problemas pastillas de “la felicidad” para todo tipo de problemas. Algo parecido a lo que ocurrió en su momento con el TDAH (Trastorno por déficit de atención e hipersensibilidad). En la década de los 90 (1990) dicha “enfermedad” apenas ocupaba un pequeño rincón en los beneficios de la enorme e ingente industria farmacéutica, los ingresos generados por esta enfermedad apenas llegaban a los 70 millones de dólares, pero algunos años después, cuando se publicó el DSM IV, se vio una enorme posibilidad de negocio. Los psiquiatras habían abierto una puerta con sus suposiciones de diagnóstico y se crearon patentes, comenzándose a generar una ingente campaña de publicidad dirigida a pacientes (público en general) y a médicos. Todo el mundo vio el cielo abierto cuando se llegó a aceptar que con una pastilla, los niños “hiperactivos” dejarían de dar voces, y profesores y familias por fin tendrían momentos de respiro. La sociedad “compró” dicho beneficio y con el slogan “Consulte a su médico”, en apenas unos pocos años se triplicó un mercado, que va en aumento, al haber aceptado la sociedad en general que es aceptable medicar a los niños desde temprana edad. Se ha aceptado que muchos universitarios hablen de salud mental y se mediquen y también, por profesores, madres/padres y médicos que un aula tranquila beneficia la salud emocional de los niños.

En algunos países el consumo de este tipo de productos, antidepresivos, ansiolíticos, va haciendo, cada vez con más intensidad, sociedades enfermas, donde el acceso a estas drogas es bastante más sencillo de lo que nos pueda parecer. Es por ello, que con matices se van haciendo de manera periódica listados de países con enormes consumos de este tipo de productos, entre los cuales podemos destacar, sin necesidad de dar porcentajes los siguientes 10: Estados Unidos, Islandia, Australia, Portugal, Reino Unido, Canadá, Suecia, Bélgica, Dinamarca y España. Como un dato a tener en cuenta, por cercanía, comentar que en España, en una información fechada en 2022, el titular rezaba: Los datos tras una década de «cultura del medicamento» en España: el consumo de antidepresivos ha crecido un 40%. Dando como claves para este aumento dos cuestiones: La mejora de varios fármacos se une a las estrategias de la industria y a su uso como recurso para acabar rápido una consulta.

¿Se puede haber convertido la receta de antidepresivos o ansiolíticos en una absurda excusa para quitarse de encima a pacientes en una consulta médica? Imagino que tendremos que ir buscando una respuesta para ello en el futuro, aunque me da miedo lo que vayamos a encontrar.

Quizá y como adelanto de futuras investigaciones me quedo con una de las respuestas que Allen Frances, dio en una de sus múltiples entrevistas, ante la pregunta:

-¿El aumento del número de presuntas “enfermedades mentales” no se debe entonces tanto a los psiquiatras como a la industria farmacéutica?

-Ciertamente. Mire, las multinacionales farmacéuticas, sobre todo las agrupadas bajo la expresión Big Pharma, se han vuelto peligrosas; y no solo en el ámbito de la Psiquiatría. En Estados Unidos, por ejemplo, hay ya cada año más muertes por sobredosis de fármacos que por accidentes de tráfico. La mayoría provocadas por narcóticos con receta, no por drogas ilegales. Claro que las multinacionales farmacéuticas son expertas en inventarse enfermedades para vender fármacos; de hecho invierten miles de millones de dolares en difundir mensajes engañosos.

Mientras terminaba de transcribir la respuesta de Allen, me venía a la mente una distopía donde imaginaba a los carteles de la droga anunciando su producto en medios de comunicación de cualquier tipo, sin ningún control y con el beneplácito de muchos miembros de una sociedad distópica, autoridades, medios, profesorado, padres, madres, etc., que obtenían un redito, ya fuese emocional o lucrativo con el consumo generalizado de dicho producto.

Fuentes de información:  
Gráfico: ¿Qué países consumen más antidepresivos? | Statista
Datos medicamentos: el consumo de antidepresivos crece un 40% (rtve.es)
DSALUD (revista) nº 177, diciembre 2014
Diario El Mundo. Viernes 1 de septiembre de 2023
Libro: ¿Somos todos enfermos mentales? Autor: Allen Frances. Editorial Ariel – 2014

Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López: Jumilla, Murcia, 1962. Escritor, guionista y realizador. Ha trabajado como periodista de investigación desde 1985 en prensa, radio y televisión. Ha publicado dos libros sobre la banda terrorista ETA. Colabora con medios de prensa libre y es conferenciante sobre temas diversos.

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