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jueves, febrero 22, 2024

Yassine Kanjaa, el presunto asesino de Algeciras

El pasado 25 de enero de este año, Yassine Kanjaa, de nacionalidad marroquí, con tan solo 25 años, asesino, con un machete de enormes dimensiones y al grito de “Ala es grande” a un sacristán e hirió a un sacerdote salesiano, que se recupera satisfactoriamente.

Pocos días después se van conociendo con cuentagotas los hechos, aunque sobre su autoría no cabe duda, dadas las imágenes que en informativos y redes sociales se han estado difundiendo de una despreocupada manera. Algo que en múltiples ocasiones y aplicado a otros temas, se ha venido hablando de que puede llegar a producir un efecto contagio peligroso.

Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no acaban de tener claro, dados los antecedentes psiquiátricos, al parecer de él y de dos de sus hermanos que viven en la ciudad de Tanger, de donde era natural, si ha sido un acto terrorista o un ataque de demencia, algo que por otro lado sería del agrado de muchos, dado los fallos evidentes en el control de determinados personajes por parte de las autoridades correspondientes.

A continuación, enumero algunas cuestiones sobre las que deberíamos intentar tener respuesta. Yasssine Kanjaa era un ciudadano marroquí que entró ilegalmente en Algeciras hace unos ocho meses, pero desde hace siete pesaba sobre él una orden de extradición. ¿Por qué no se le expulsó inmediatamente? Si las autoridades hubieran actuado con la diligencia que un país como España y sus ciudadanos, ya sean musulmanes o de cualquier otra confesión religiosa o nacionalidad, desean, muy probablemente habría sido expulsado y quizá tanto David como el sacerdote salesiano no habrían sufrido atentado alguno.

En segundo lugar, junto a otros ocupas, malvivía en una miserable habitación en condiciones infrahumanas. Si tuviéramos una ley “contra la ocupación” en condiciones, como tienen Alemania y otros países de nuestro entorno, seguramente el propio Yassine hubiera agradecido vivir en otras condiciones. Una ley que además forzara a las administraciones locales, regionales y nacionales a tener a esas personas realojadas en condiciones sanitarias y humanas más razonables. Porque cuando alguien vive como una bestia acaba siéndolo.   

En tercer lugar, y al parecer, tenía antecedentes psiquiátricos en la ciudad marroquí donde vivía. Antecedentes sin especificar en su caso, al igual de dos de sus hermanos. Por supuesto, sin entrar a debatir en mi caso, que, si poco me fio de los diagnósticos que sobre Salud Mental se hacen en nuestro país, confesaré que nada lo hago de los de las autoridades médicas marroquíes. Aunque para sostener la posibilidad de que Yassine fuera un enajenado en el momento de cometer el hecho, se enarbola que se han encontrado diversas pastillas en su miserable habitación. Sin embargo, existen datos objetivos de las personas que vivían con él que pueden aclarar algunas cuestiones sobre este tema.

Sus propios compañeros de piso afirman que llevaba ya dos meses desenganchado de todo. No consumía alcohol, ni drogas de ningún tipo, es más incluso comentan que no vestía nada que tuviera que ver con ropa, calzado o productos alimenticios de marcas, algo que suele identificar a personas que se están radicalizando en un entorno musulmán. Así mismo en sus redes sociales había comenzado a enaltecer al ESTADO ISLAMICO, dejando un rastro de migas de pan que ningún organismo policial había seguido. El propio ministro del Interior Grande Marlaska ha confesado en rueda de prensa que no estaba en el radar de ninguna fuerza policial. Si a esto unimos que en la mezquita a la que acudía se le conocía por su radicalismo y se le había pedido en numerosas ocasiones, o bien que saliera de la misma, o bien que se abstuviera de manifestar determinadas cuestiones radicales, las migas de pan se suman para convertirse en un rio de pruebas que alguien debería haber seguido. Quizá una mayor relación, que no delación, entre organismos religiosos y cuerpos de seguridad del estado nos daría a todos los ciudadanos de este país, sea cual sea su color, su etnia o su religión, una mayor confianza en el sistema.

Y por último la elección de las víctimas, miembros conocidos y destacados, según palabras de los vecinos y parroquianos, de la ciudad. Además, con un indiscutible componente religioso. No fueron dos personas al azar contra las que Yassine levantó su machete, sino dos personas muy vinculadas a la Iglesia Católica, ciertamente satanizada por algunos grupos radicales vinculados a creencias “imposibles” de definir. En cuanto al arma, un machete de grandes dimensiones, su túnica y su postura después del asesinato, imitando a otros asesinos yihadistas que, a nivel mundial, tanto en Londres, París, etc., han realizado el mismo acto, esperando además la inmolación santa después de matar al infiel.

Todo lo anterior apunta a un acto terrorista sin pocos matices. Perfectamente preparado. Y que sólo podría acabar de dos formas, con él muerto por las balas de la policía, o detenido y muy probablemente encarcelado en España, en una cárcel donde tendría varias comidas al día, y sus condiciones higiénico sanitarias serían mucho menos hostiles que las inhumanas condiciones en las que vivía como ocupa en una ciudad española.

Después de todo lo anterior existen voces y saldrán más, que hablaban sobre la vinculación del yihadismo y la demencia, aduciendo que no se pueden entender determinadas creencias sin que no exista algún componente de salud mental determinado. Quizá sería bueno aclarar que el concepto yihadista es tan sólo la radicalización de una creencia llevada al extremo. La historia está llena de “yihadistas” que en el ámbito de sus creencias han cometido verdaderas atrocidades. Me vienen a la memoria el Templo del Pueblo, en Jonestown, en la Guyana francesa, donde su líder Jim Jones el 18 de noviembre de 1978 convenció a 918 de sus miembros que se auto inmolaran, acabando además con la vida de cinco personas, entre ellas un congresista de Estados Unidos; el Templo del Sol una secta ubicada entre Canadá, Suiza y Francia, de carácter milenarista y donde 48 miembros se suicidaron en un acto inducido por su líder; y así podría extenderme hasta el infinito, en casos donde la manipulación y la demencia no van unidas, tan sólo el narcisismo y el control, algo que no deberíamos jamar meter dentro del cajón de las enfermedades mentales y si de las personas que son sencillamente malas.

Los Testigo de Jehová, por ejemplo, consideran que el Reino de Satanás está ubicado en la tierra y que todos nosotros formamos parte de él, donde sólo sus adeptos serían salvados en los “últimos tiempos”, y así otras iglesias radicales americanas que se han extendido por el mundo. Incluso diversos movimientos evangélicos actuales consideran a la Iglesia de Roma, parte de ese reino de satán que se extendería por la tierra. Pero ninguna de estas creencias exhorta a sus miembros a que acaben con el infiel donde lo encuentren. Ninguno de sus miembros, con ideas radicales realmente complejas, puede ser tildado de loco, aunque en sus manifestaciones estén más cerca del yihadista que del creyente medio. Por lo tanto, sería prudente no mezclar, desde la ignorancia, yihadismo y demencia porque no tienen nada que ver. Incluso cuando en acciones radicales llevadas a cabo en muchos actos de guerra, incluida la “Santa”, se acabe ingiriendo pastillas.

Indudablemente la última palabra la tendrá la justicia. Todo lo demás son tan sólo datos y especulaciones más o menos acertadas.

Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López
Gabriel Carrión López: Jumilla, Murcia, 1962. Escritor, guionista y realizador. Ha trabajado como periodista de investigación desde 1985 en prensa, radio y televisión. Ha publicado dos libros sobre la banda terrorista ETA. Colabora con medios de prensa libre y es conferenciante sobre temas diversos.

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